viernes, 26 de junio de 2015

No Violencia
Una práctica que debemos tener siempre presente.
Una reflexión de nuestro querido Dalai Lama.

¿Qué es el Budismo?
Una explicación concisa y fabulosa de Kyabgon Phakchok Rinpoche
¡Que lo disfruteis!! y ¡Que tengais un gran día!!


sábado, 9 de marzo de 2013

LA MUERTE SEGUN LA MEDICINA TIBETANA con Doctor Lobsang Shrestha

con Doctor Lobsang Shrestha

Chicos les paso esta información sobre un interesante curso de medicina tibetana. El titulo tiene un link ( pinchar encima) a la página del Centro de Nagarjuna Valencia que es donde se realizará el evento.
 
15 -17 de Marzo 2013
Viernes   15 de Marzo 19h30-21h30h
Sábado   16 de Marzo 10h-13h30 y 16h-20h
Domingo 17 de Marzo 10h-13h30 y 16h-20h


Jueves 14 (pm) y Viernes 15 (am y pm) = Consultas privadas (contactar con el centro)

La medicina tibetana nos da una perspectiva profunda y detallada sobre el proceso de la muerte y las experiencias que tienen lugar. Conociendo ese proceso es más fácil prepararse y controlarlo sin que la mente se vea perturbada en ese momento tan crítico y nos pone en disposición de ayudar más adecuadamente a los que están falleciendo.

Programa del Taller:

- Las condiciones para lograr la vida, la evolución del cuerpo físico y las energías de la fuerza de la vida
- Signos previos de una muerte inminente, próxima y distante, en los sueños, en el carácter, en el puslo y en la orina
- El proceso de disolución de los 5 elementos, 5 sentidos, 3 energías y la energía de la fuerza de la vida y la conciencia mental
- La muerte y el bardo (el estado intermedio)
- Cuáles son las diferentes causas de la muerte
- Como prevenir una muerte prematura
- Como ayudar y guiar para tener una muerte apacible y sin temor
- Apoyo y responsabilidades que la familia puede prestar.
                
El propósito principal de este taller es presentar de acuerdo a la tradición antigua de la medicina tibetana lo que sucede a nivel físico y mental durante el proceso de la muerte y como prepararnos para ese momento. Conocer la estructura sutil de los canales, aires y chakras y aprender las técnicas para el buen funcionamiento de este cuerpo y conciencia sutil nos da herramientas para tener una mayor conciencia y control en el proceso de la muerte.

El Dr. Lobsang Shrestha, cursó sus estudios de medicina tibetana durante trece años en Nepal con Kunsang Phenthok en Katmandú, juntos abrieron la primera Clínica Médica Tibetana en 1973 en Kathmandú, desde entonces miles de pacientes y estudiantes han sido tratados y estudiado en esa clinica.

En 1989 hizo su primera gira occidental en Francia, Suiza e Italia. Desde 1990 imparte regularmente cursos de medicina tibetana y visita a pacientes en diferentes países de Europa, Sudamérica y los Estados Unidos. En 1995 él y sus estudiantes fundaron la primera Asociación de Medicina Tibetana en Suiza. En 1996 estableció la segunda Clínica Yuthog en Katmandú. y en 2006 abrió la Asociación Yuthog de Medicina Tibetana en España. Ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales sobre medicina. En la actualidad vive en España. El Dr. Lobsang se especializó en Masaje Tibetano y es el primer doctor enseñar y trabajar con Masaje Tibetano en los últimos 18 años.

viernes, 6 de julio de 2012

Robina Courtin Centro Nagarjuna de Alicante

Interesante comentario de Venerable Robina Courtin que visitó nuestro Centro Nagarjuna de Alicante los días 15 / 16 / 17 de junio de 2012 pasados: Esperemos que se de nuevo la oportunidad y nos vuelva a visitar. Les dejos los videos.



jueves, 5 de julio de 2012

Entrevista a Khadro la de Venerable Roger Kunsang

ENTREVISTA Venerable Roger: ¿Puedes contarme por qué te fuiste de Tíbet? Khadro-la: Ocurrió en el último minuto. No tenía esa intención, y la verdad es que no tenía dinero para viajar. Seguí una señal que tuve en sueños. Había un autobús tocando el cláxon avisando de que salía, y hasta que no subí al autobús, ni supe hacia dónde me dirigía. La gente me dijo que el autobús se dirigía a Lhasa, y de ahí a Shigatse. Un par de días después supe que también se dirigían al Monte Kailash. Un día, mientras hacíamos una parada camino de Shitagse, me encontraba circumbalando el monasterio de Tashi Lhumpo cuando me crucé con un anciano vestido con un doti, la tradicional tela india. Este completo extraño me dió 2000 gormos. Me pidió que me sentara junto a él, y me empezó a contar muchas historias extraordinarias. Me dijo que la India estaba justo detrás de aquella montaña, y que yo debía reunirme con Su Santidad el Dalai Lama y otros lamas. Me siguió insistiendo que me dirigiese a la India, y en aquel momento no me pareció nada extraño, aunque ahora cuando lo recuerdo me parece increíble. Ven. Roger: ¿Fue muy dificil llegar a la India? Khadro-la: ¡Oh, sí! Fue muy duro. No formaba parte de ninguna misión; me limitaba a seguir a los peregrinos. No recuerdo del todo bien cuánto duró el viaje, pero hice quince vueltas al monte Kailash, pero debido a mis acciones inusuales y las palabras que pronunciaba, se corrió el rumor de que yo era una dakini. La gente empezó a hacer cola para verme, incluso buscando mi bendición. Fue muy cansado atender a toda aquella multitud, pero un monje muy amable de un monasterio cercano me cuidó muy bien con comida y bebida. Incluso organizó un buen sistema para que la gente viniera a verme, a recibir bendiciones, etc. Muchas de aquellas personas expresaron su deseo de ir a la India conmigo. Una noche, de repente y sin hablarlo con antelación, me hice a la idea de marcharme a la India y también un hombre, que hizo de guía, nos guió a diecisiete de las personas que estábamos en el autobús por el camino que conduce a la frontera. No tenía apenas experiencia y le costó diecisiete días llegar a Kathmandú (Nepal). Debimos haber tardado solo siete días. Estábamos en tierra de nadie, y en realidad no había caminos, ni gente a quien preguntar. Era imposible saber siquiera si estábamos ya fuera de Tíbet. Solo nos quedaba seguir las señales de mis sueños. Cuando nos sentíamos desorientados, nos dirigíamos hacia donde aparecía un círculo de luz. Tal vez fuese una bendición del Dalai Lama, o de Palden Lhamo. A veces teníamos que caminar todo el día entero sin comer ni beber, y a veces también tuvimos que andar toda la noche. No estábamos preparados para un viaje tan largo. Cuando llegamos a Nepal, me sentí muy enferma por una intoxicación de la comida, y no pude continuar con mis compañeros hacia la India. Me tuve que quedar en el centro de recepción de Kathmandú, vomitando sangre, lo que hizo pensar al personal del centro que tenía alguna enfermedad contagiosa. Me dejaron fuera del edificio a dormir, en el campo. Estaba tan débil que no podía ni cambiar de postura. Cuando me tenía que mover, me tocaban con palos largos porque tenían miedo de tocarme con las manos. Como empeoré, pensaron que no sobreviviría, así que me preguntaron si quería dejar un último mensaje para mi familia y me pidieron alguna dirección para enviarlo. Así que pedí a los monjes de un monasterio que recitasen oraciones tras mi muerte y que incinerasen mi cuerpo en cierto pico. Luego supe que se trataba de la colina santa de Nagarjuna, donde el Buda explicó el sutra llamado Langru Lungten. Les pedí que llevasen mi orina en una botella, y se la dieran al primero que se encontraran a la entrada de la Gran Estupa de Boudanath, en Kathmandú. En aquel momento yo estaba semi-consciente, pero fueron tan amables de ayudarme a hacerme este favor. La persona que tomó mi orina se encontró con un hombre a la entrada, que resultó ser un médico tibetano. Tomó muestras de mi orina y diagnosticó que me había intoxicado al comer, me recetó algunas medicinas e incluso me hizo llegar píldoras de bendición. Mi salud mejoró notablemente y tuve muchos sueños buenos. Cuando me recuperé, me enviaron al centro de recepción de Dharamsala (India), junto a otras personas que acababan de llegar. “Llegué a Dharamsala no mucho después de que algunos monjes de mi pueblo hubiesen tenido una discusión con el personal del centro, así que tenían mala impresión de cualquiera que llegase de aquella zona. Así, yo también me convertí en víctima. Como yo era muy joven me preguntaron si me gustaría unirme al colegio o si prefería aprender algún oficio. Mi respuesta fue muy clara y sincera: Dije que ni quería ir al colegio, ni quería aprender nada. Cuando vivía en mi casa siempre tenía una gran vocación de ayudar a los buenos meditadores, así que me dedicaba a recoger leña y llevar agua a los meditadores que vivían cerca de mi pueblo. Ni siquiera sabía que Tíbet estaba ocupada por los chinos, y que esa era la razón por la que los tibetanos se iban al exilio. Los chinos nunca me maltrataron y nunca me faltó comida ni ropa. Mi único deseo era ver a Su Santidad el Dalai Lama, y como tengo el problema de ser alocada a veces, yo simplemente quería saber cosas del Dalai Lama, fuera aquello bueno o malo. Era todo lo que quería. Si no, solo quería volverme a mi casa”.

Khadro la visita Centro nagarjuna Valencia


Khadro-la vuelve a visitar España


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Khadro-la en el centro Nagarjuna de Madrid. © 2010 SanghaVirtual.org

Nos podemos considerar extraordinariamente afortunados: Khadro-la, oráculo de Su Santidad el Dalai Lama y considerada emanación de Tara y/o Vajrayogini, vuelve a España en julio, dos años después de que SanghaVirtual.org pudiera reunirse con ella en Madrid. Esta es su agenda:

Día 7 – Barcelona: 18 a 21 h – Integrar el Dharma en la vida cotidiana.
Fundació Casa del Tíbet (invitada por el centro Nagarjuna Barcelona).
Día 8 – Barcelona: 11 a 14 h – Integrar el Dharma en la vida cotidiana.
Fundació Casa del Tíbet (invitada por el centro Nagarjuna Barcelona).
Día 9 – Valencia: 19:30 h – El camino a la bondad.
Dónde: Centro Nagarjuna Valencia
Día 10 – Valencia: 19:30 h – El camino a la bondad.
Dónde: Centro Nagarjuna Valencia
Días 13, 14 y 15 – O Sel Ling (Órgiva, Granada)
(Programa desconocido. Contactar con el centro)

domingo, 7 de agosto de 2011

Si es tan sencillo ser feliz ¿ Por qué nos resulta tan difícil?

dalai lama

¡Qué transitorias son nuestras vidas, qué rápido pasan, qué pronto habremos de llegar a nuestro último día! En menos de cincuenta años, yo mismo, Tenzin Gyatso, el monje budista, no seré más que un mero recuerdo. Es dudoso, desde luego, que una sola de las personas que hoy lean estas páginas esté viva dentro de un siglo. Pasa el tiempo sin que nada lo impida. Cuando cometemos errores, no podemos dar marcha atrás al reloj y probar a hacer aquello de otro modo. Tan sólo podemos emplear bien el presente. Por lo tanto, si cuando llegue nuestro último día somos capaces de volver la vista atrás y comprender que hemos llevado una vida plena, productiva, llena de sentido, al menos tendremos algún consuelo. Si tal cosa no fuera posible, seguramente nos sentiremos muy tristes. Y de nosotros depende que nos encontremos al final con una cosa o con la otra.

  • Necesidad de Compasión

La mejor manera de asegurarnos de que al llegar a la muerte lo hagamos sin remordimiento alguno consiste en preocuparnos de que en el presente nos comportemos de forma responsable y compasiva con los demás. A decir verdad, ese comportamiento obedece a nuestros intereses, y no sólo porque haya de beneficiarnos en el futuro. Tal como hemos visto, la compasión es uno de los principales factores que darán sentido a nuestra vida. Es la fuente de toda felicidad y alegría duraderas, y es el fundamento necesario para tener buen corazón, el corazón de las personas que actúan movidas por el deseo de ayudar a los demás. Por medio de la amabilidad, del afecto, de la honestidad, de la verdad y de la justicia hacia todos los demás aseguramos nuestro propio beneficio. No es éste un asunto para elaborar complicadas teorías: es un tema de elemental sentido común. Es innegable que la consideración de los demás realmente vale la pena. Es innegable que nuestra felicidad está indisolublemente unida a la felicidad de los demás. Es asimismo innegable que si la sociedad sufre, nosotros hemos de sufrir. Y también es de todo punto innegable que cuanto más afligidos se hallen nuestro corazón y nuestro espíritu por la mala voluntad, más desdichados hemos de ser. Por eso, podemos rechazar todo lo demás: la religión, la ideología y la sabiduría recibidas de nuestros antecesores, pero no podemos rehuir la necesidad de amor y de compasión.

Esta es, así las cosas, mi religión verdadera, mi sencilla fe. En este sentido, no es necesario un templo o una iglesia, una mezquita o una sinagoga; no hay necesidad ninguna de una filosofía complicada, de una doctrina o de un dogma. El templo ha de ser nuestro propio corazón, nuestro espíritu y nuestra inteligencia. El amor por los demás y el respeto por sus derechos y su dignidad, al margen de quiénes sean y de qué puedan ser es, en definitiva, lo que todos necesitamos. En la medida en que practiquemos estas verdades en nuestra vida cotidiana, poco importa que seamos cultos o incultos, que creamos en Dios o en el Buda, que seamos fieles de una religión u otra, o de ninguna en absoluto. En la medida en que tengamos compasión por los demás y nos conduzcamos con la debida contención, a partir de nuestro sentido de la responsabilidad, no cabe ninguna duda de que seremos felices.

  • Así pues, si es tan sencillo ser feliz, ¿por qué nos resulta tan difícil?

Por desgracia, aunque la mayoría nos consideramos personas compasivas, tendemos a ignorar estas verdades que son de sentido común, o bien a olvidarlas. Nos descuidamos a la hora de hacer frente a nuestros pensamientos y emociones negativas. Al contrario del agricultor, que se pliega al paso de las estaciones y no duda en cultivar la tierra cuando llega el momento propicio, nosotros perdemos mucho tiempo en actividades que no tienen el menor sentido. Sentimos un hondo pesar por asuntos tan triviales como es perder dinero, al tiempo que nos abstenemos de hacer lo que realmente tiene importancia sin la más mínima sensación de remordimiento. En lugar de regocijarnos frente a la oportunidad que se nos puede presentar para contribuir al bienestar de los demás, nos limitamos a aprovecharnos de los placeres cada vez que nos resulta posible. Evitamos preocuparnos de los demás sobre la base de que estamos demasiado ajetreados. Corremos de un lado a otro, hacemos cálculos y llamadas telefónicas, pensamos que tal cosa sería mejor que tal otra. Hacemos una cosa, pero nos preocupa que, si se presenta otra, sería mejor hacer esa otra y no la primera. Y en todo esto, nos comprometemos solamente con los niveles más ásperos y elementales de que es capaz el espíritu de hombres y mujeres. Por si fuera poco, al no prestar atención a las necesidades de los demás, es inevitable que terminemos por perjudicarlos. Nos consideramos muy inteligentes, pero ¿de qué manera utilizamos nuestra capacidad? Con excesiva frecuencia, la empleamos para engañar a nuestros vecinos, aprovecharnos de ellos, mejorar nuestra situación a sus expensas. Y cuando las cosas no funcionan como estaba previsto, ensoberbecidos y llenos de pretensiones morales, les echamos la culpa de las dificultades que podamos tener.

Y lo cierto es que la satisfacción duradera no se puede extraer de la adquisición de ningún objeto. Poco importa cuántos amigos podamos tener, que no serán ellos quienes nos hagan felices. Y la complacencia en los placeres de la carne no es otra cosa que una puerta abierta al sufrimiento. Es como miel embadurnada en el filo de una espada bien afilada. Por supuesto, con esto no pretendo decir que debamos despreciar nuestros cuerpos. AI contrario, no podemos ser de ninguna ayuda a los demás si no tenemos cuerpo, pero debemos evitar los extremos que pueden desembocar en el perjuicio ajeno.

Al concentrarnos en lo mundano, lo que es de veras esencial se nos oculta. Por supuesto que si así pudiéramos ser felices de veras, sería absolutamente razonable vivir de ese modo, pero no es posible. En el mejor de los supuestos, podríamos pasar por la vida sin demasiados contratiempos, pero cuando nos asaltan los problemas, tal como sin duda ha de suceder tarde o temprano, estamos desprevenidos. Es, entonces, cuando descubrimos que no podemos seguir como antes. Nos sentimos desesperados e infelices.

Por lo tanto, con las manos entrelazadas, apelo a ti, lector, para que te asegures de que el resto de tu vida esté tan cargado de sentido como sea posible. Tal como espero haber dejado suficientemente claro que en este empeño no hay nada misterioso. Consiste, nada más y nada menos, que en poner en práctica la preocupación por los demás. Y si llevas a cabo esta práctica con sinceridad y perseverancia, poco a poco, paso a paso, serás capaz de reordenar tus hábitos y actitudes de modo que pienses menos en tus mezquinas preocupaciones, y más en las ajenas. Al hacerlo así, descubrirás que disfrutas de la paz y la felicidad.

Renuncia a tus envidias, olvida el deseo de triunfar por encima de los demás. Con amabilidad, con valentía, con la confianza de que al hacerlo te aseguras el éxito, acoge a los demás con una sonrisa. Sé claro y directo. Y procura ser imparcial. Trata a todo el mundo como si fuesen tus amigos íntimos. Todo esto no te lo digo en calidad de Dalai Lama, ni por ser una persona dotada de poderes especiales. No los tengo. Te hablo solamente como un ser humano; como alguien que, al igual que tú, desea ser feliz y no sufrir.

  • Inofensividad

Si por la razón que sea no logras ser de ayuda a los demás, al menos no los perjudiques. Piensa en el mundo tal como se ve desde el espacio, tan pequeño e insignificante y, sin embargo, tan bello. ¿De verdad se puede obtener algo al causar daño a los demás durante nuestra breve estancia en este mundo? ¿No es preferible, y más razonable a la vez, relajarnos y disfrutar en calma, igual que cuando visitamos un lugar distinto del lugar en que vivimos? Por lo tanto, si en pleno disfrute del mundo dispones de un momento, trata de ayudar -aunque sólo sea un poco- a los más desfavorecidos y a los que, por la razón que sea, no se bastan por sí mismos. Procura no dar la espalda a los que tienen una apariencia exterior perturbadora, a los mendigos y a los que no están bien. Trata de no considerarlos nunca inferiores a ti mismo. Si puedes, trata de no tenerte por mejor que el mendigo más humilde. Cuando estés en la tumba, serás como él.

Para terminar, quisiera compartir una breve plegaria que me sirve de gran inspiración en mi esfuerzo por beneficiar a los demás:

Ojalá sea en todo momento,

ahora y para siempre,

un protector para todos los que no tienen cobijo,

un guía para los que se han extraviado,

un barco para los que han de atravesar océanos,

un puente para los que han de cruzar los ríos,

un refugio para los que corren peligro,

una lámpara para los que no tienen luz,

una salvaguardia para los que sufren acoso

y un servidor para todos los que pasan necesidades.

  • Tomado de El Arte de Vivir en el Nuevo Milenio, Dalai Lama, Editorial Grigalbo.